Qué está sintiendo¶
Un desgarro del labrum suele provocar dolor profundo en la ingle o en la parte frontal de la cadera. Este dolor puede desplazarse y variar en intensidad. Con frecuencia empeora con ciertos movimientos o actividades, y disminuye al descansar. Caminar sobre terreno plano quizá no le cause molestias, pero girar, pivotar o levantarse de una silla baja pueden desencadenar el dolor.
Muchas personas también notan síntomas mecánicos: ruidos o sensaciones provenientes de la propia articulación, como chasquidos, bloqueos o la sensación de que la cadera podría ceder. Algunas personas perciben rigidez en la cadera, con un rango de movimiento menor de lo habitual. El dolor puede despertarlo por la noche o aparecer al levantarse de la cama.
En el día a día, las actividades que resultan difíciles son aquellas que implican doblar o girar la cadera: entrar y salir del coche, agacharse para recoger algo o girarse para alcanzar algo detrás de uno. Permanecer sentado durante mucho tiempo y luego levantarse también es un desencadenante común.
Es importante saber que estos síntomas no son exclusivos de un desgarro del labrum. El dolor inguinal de este tipo puede deberse a diversos problemas de cadera; incluso un examen cuidadoso no siempre permite identificar la causa con certeza. Por eso su cirujano solicitará estudios de imagen antes de hablar sobre cualquier tratamiento.
Además, un desgarro del labrum rara vez ocurre de forma aislada. La mayoría de las caderas con labrum desgarrado presentan algún cambio estructural en la forma de la articulación; muchas también muestran desgaste temprano en el cartílago que recubre la cavidad articular, a menudo en el mismo lugar del desgarro. Su cirujano buscará estos hallazgos en las imágenes, pues tratar únicamente el desgarro sin corregir la forma del hueso que lo rodea no suele dar resultados duraderos.
Si algo de lo anterior le resulta familiar, anote cuándo aparece el dolor y qué estaba haciendo en ese momento. Esa información resulta muy útil durante la consulta.
¿Qué está ocurriendo realmente?¶
Dentro de la cadera, donde la “pelota” del fémur se une a la cavidad ósea, existe un anillo de tejido resistente y elástico llamado labrum. Imagíneselo como una junta que rodea el borde de dicha cavidad. Cumple tres funciones simultáneamente: profundiza la cavidad para mantener la “pelota” femoral en su lugar, actúa como amortiguador de impactos y forma un sellado hermético que retiene el líquido sinovial dentro de la articulación. Este sellado es crucial: permite que la articulación se mueva sin fricción y protege el cartílago liso de las superficies óseas de recibir presión excesiva.
Un desgarro del labrum consiste en una fisura o deshilachamiento de dicho anillo. Cuando esa “junta” se rompe, se pierde el sellado. La “pelota” femoral puede desplazarse ligeramente dentro de la cavidad, y la carga que antes se distribuía uniformemente sobre el cartílago ahora se concentra en un solo punto. Por eso, un labrum desgarrado provoca dolor profundo en la ingle, ruidos o sensación de “traba” al mover la cadera; el dolor suele intensificarse con movimientos de torsión o flexión.
Existen distintos patrones de desgarro: algunos son pequeños fragmentos de tejido que quedan atrapados en la articulación; otros consisten en deshilachamiento de los bordes del labrum, haciéndolos ásperos; otros se extienden longitudinalmente a lo largo del borde de la cavidad; y algunos son inestables, en los que una porción del labrum entra y sale repetidamente de la articulación. El patrón es importante, pues determina qué tratamiento resulta viable.
En la mayoría de los casos, los desgarros del labrum no aparecen de forma aislada. En la mayoría de las caderas existe alguna alteración en la forma de los huesos circundantes; esa diferencia morfológica ejerce presión adicional sobre el labrum cada vez que la cadera se mueve. Con el tiempo, esta fricción continua termina por desgastarlo. El desgarro suele ser la primera parte de la cadera en ceder; una vez que ocurre, el cartílago subyacente empieza a soportar una carga mayor.
Qué podemos hacer al respecto¶
Por lo general, el primer paso no es la cirugía. Lo primero son el reposo, el cambio de actividades que empeoran el dolor en la cadera y la fisioterapia. La fisioterapia tiene como objetivo aliviar el dolor y mejorar el movimiento y el funcionamiento de la cadera. Sea constante: las personas con un desgarro doloroso del labrum pueden seguir mejorando durante al menos un año de tratamiento no quirúrgico, aunque es posible que persista cierta molestia.
Los medicamentos antiinflamatorios pueden ayudar a controlar el dolor mientras se aplican las demás medidas. No utilizamos inyecciones para este problema, por lo que no le ofreceremos inyecciones de cortisona ni otros tipos de inyecciones articulares.
Si, tras un año de tratamiento no quirúrgico adecuado, el problema persiste, entonces hablamos sobre la cirugía artroscópica de cadera. El cirujano observa el interior de la articulación mediante una pequeña cámara y repara el labrum desgarrado, preservando la mayor cantidad posible de su propio tejido. Dado que la mayoría de los labrums desgarrados se encuentran en caderas cuya forma ósea genera fricción con el labrum, esa forma también se corrige durante la intervención. Reparar el desgarro sin corregir dicha forma no suele dar resultados duraderos y deja el desgarro con probabilidad de reaparecer.
Que la cirugía sea adecuada para usted depende de varios factores que analizaremos juntos: la calidad del tejido labral restante, el tamaño del desgarro, el estado del cartílago que recubre la cavidad acetabular y si ya existe artritis. La edad por sí sola no constituye un impedimento; lo más importante es la salud de la superficie articular.
Se trata de una decisión compartida. Le explicaremos lo que hemos observado en sus estudios de imagen, en qué consistiría la cirugía para su cadera y qué opciones no quirúrgicas aún están disponibles; usted decidirá junto con nosotros cuál es el mejor camino a seguir.
Qué esperar¶
Si no se trata, un labrum desgarrado rara vez mejora por sí solo. El dolor suele aparecer y desaparecer; se intensifica al girar o doblar la cadera y disminuye con el reposo, tal como ya habrá notado. Sin tratamiento, el roce que originó el desgarro continúa produciéndose, por lo que los síntomas tienden a persistir en lugar de desaparecer. También existe riesgo de nuevas lesiones: si no se corrige la forma del hueso alrededor de la articulación, puede formarse otro desgarro incluso después de una cirugía que reparó el primero.
Con un tratamiento adecuado, el pronóstico es más favorable. Los tratamientos no quirúrgicos pueden seguir mejorando su cadera durante al menos un año, aunque es posible que persista cierta molestia. Cuando la cirugía es la opción indicada, la mayoría de los pacientes refieren una mejora significativa en el dolor y en su funcionalidad diaria; dicha mejora se mantiene a lo largo de los años. Se han seguido los resultados durante cinco años o más, e incluso más de diez años en algunos casos, observándose que la mejoría se conserva. La cirugía que corrige tanto el desgarro como la forma ósea subyacente reduce también el riesgo de desarrollar artritis en la articulación, en comparación con los programas de ejercicios solos.
Varios factores influyen en su evolución personal. El estado del cartílago liso que recubre la cavidad acetabular es importante: su daño se asocia a una mejora menor a los dos años de la cirugía. La forma de su pelvis también influye, pues ciertas configuraciones pélvicas se relacionan con una mejoría menor que otras. La edad, por sí sola, no impide obtener buenos resultados.
Hay que reconocer que no todos quedan satisfechos con el desenlace. Algunas personas sometidas a cirugía artroscópica para este problema siguen sintiéndose insatisfechas después. Y cuando el desgarro es grave e irreparable, reconstruir el labrum en lugar de simplemente resecarlo produce mejores resultados, reduciendo notablemente la necesidad de una segunda intervención.
Nada de esto constituye una garantía para su cadera. Se trata de una descripción realista de lo que suele ocurrir; la evaluaremos en conjunto, basándonos en sus estudios de imagen y en el examen físico, para adaptarla a su caso concreto.
Cuándo consultar a un especialista¶
Acuda a su médico de cabecera si ha experimentado dolor en la ingle o en la cadera durante más de unas pocas semanas, especialmente si el dolor empeora al girar, doblarse o sentarse, y no mejora con el reposo. Solicite una evaluación especializada si la cadera hace ruidos (clic, chasquidos), se traba o parece a punto de “ceder”, o si el dolor le impide dormir o le dificulta el trabajo. Si ya se le ha realizado una exploración de la cadera y se observó un desgarro aunque no siente dolor, no es necesario apresurarse: muchos desgarros detectados en las pruebas nunca generan problemas. No obstante, si esa cadera empieza a doler, no espere; un desgarro que produce síntomas merece ser evaluado antes de que dañe la superficie articular.
Evidence & references
This is the clinical evidence summary written for health professionals. It is technical, and it lists the research this page was built from. You do not need to read it to understand your treatment or to make a decision about it.
Anatomy & Pathophysiology¶
Bony Anatomy & Vascular Supply¶
- The acetabular labrum is a fibrocartilaginous structure that surrounds the periphery of the acetabulum and inserts on the transverse acetabular ligament [1].
- The acetabular labrum is a triangular fibrocartilaginous ring attached firmly to the acetabular rim, encompassing nearly the entire acetabulum except for the most inferior aspect bridged by the transverse acetabular ligament [2].
- Blood supply to the acetabulum is primarily through the obturator artery, superior gluteal artery, and inferior gluteal artery [1].
- The periphery of the labrum is more vascularized than the articular region [1].
Biomechanical Function¶
- The labrum functions to increase the stability of the hip joint and to seal the hip and prevent escape of fluid [1].
- The labrum deepens the acetabulum, increases coverage of the femoral head, and plays a role in shock absorption, joint lubrication, and pressure distribution [2].
- The most critical role of the labrum may be the creation of a negative pressure seal with the femoral head, which aids in joint stability [2].
- Removal of the labrum leads to a shift in the femoral contact point toward the acetabular rim [2].
- Removal of the labrum leads to a decrease in intra-articular fluid pressurization [2].
- Removal of the labrum leads to a loss of lateral restraint to femoral head motion [2].
- Removal of the labrum increases contact stresses between the articular cartilage of the femoral head and the acetabulum by 92% [2].
Pathophysiology of Labral Tears¶
- In the presence of a labral tear, the sealing function is lost, which may lead to increased contact pressure thought to have a role in the development of degenerative disease [1].
- In a study of 436 patients, 73% of those with labral tears or fraying had articular damage [1].
- In a study of 436 patients, most articular damage was located in the same zone as the labral damage [1].
- The severity of chondral damage was greater in patients with labral tears than in patients who had an intact labrum [1].
- The majority of labral tears have been suggested to be related to abnormal joint morphology and function [1].
- Labral-chondral separation is more commonly seen with cam type impingement than with femoroacetabular impingement [1].
- Intrasubstance tears are more typical of pincer impingement [1].
- The labrum is injured most often in femoroacetabular impingement (FAI) and acetabular dysplasia [2].
- Hip trauma leading to a labral tear generally involves a high-energy contact mechanism resulting in a frank dislocation or subluxation [2].
- Traumatic hip instability is frequently associated with chondral lesions to the femoral head and acetabulum analogous to those seen in a shoulder dislocation [2].
- Sports requiring great deal of hip torsion can lead to capsule attenuation and laxity secondary to repetitive microtrauma [2].
- Attenuation of the capsule leads to microinstability of the joint, in which the femoral head subluxates anteriorly and rides on the anterior superior labrum [2].
- Microinstability can occur in patients with collagen disorders such as Ehlers-Danlos syndrome, Marfan syndrome, and Down syndrome [2].
- Degenerative labral tears are analogous to degenerative meniscus tears in the knee and are frequently associated with diffuse articular changes in an arthritic joint [2].
- Degenerative labral tears are thought to be extremely common in the aging hip and likely occur early in the arthritic process [2].
- Iliopsoas impingement on the anterior hip joint has been suggested as an additional mechanism for labral tears [2].
- An atypical labral tear pattern occurs on the anterior acetabulum directly beneath where the iliopsoas tendon crosses the hip joint, unlike the common location in FAI and dysplasia which is more superior on the anterior acetabulum [2].
- In the pediatric literature, labral tears are described in association with avulsions of the rectus femoris [2].
- It is theorized that a traction injury of sufficient energy can tear the labrum in the location near the reflected head of the rectus femoris, which is near the anterior labrum and inferior to the anterior superior iliac spine [2].
Tear Morphology & Classification¶
- Seldes et al. described two types of labral injuries: a separation of the labrum from its articular attachment and tears in various planes within the substance of the labrum [1].
- A morphologic classification based on arthroscopic findings includes radial flap tears, radial fibrillated tears, longitudinal peripheral tears, and unstable tears [1].
- Stable tear patterns include radial, fibrillated, and longitudinal peripheral tear patterns [2].
- Radial flap tears occur with an intra-articular free-edge disruption [2].
- Radial fibrillated tears are degenerative tears with fibrillated free margins [2].
- Longitudinal peripheral tears are stable labral separations from the acetabular margin [2].
- Unstable tears include the bucket-handle tear [2].
- Type 1 histological tears occurred at the junction between the fibrocartilaginous labrum and the articular hyaline cartilage [2].
- Type 2 histological tears occurred in various planes within the substance of the labrum [2].
- Anterior labral tears have been prevalent in most studies because of their association with FAI [2].
- Acetabular labral tears are the most common pathologic finding at the time of hip arthroscopy [2].
- Acetabular labral tears typically occur anteriorly and/or anterolaterally [2].
Clinical Presentation¶
- Patients with labral tears typically present with pain, usually in the groin [1].
- Patients with labral tears typically present with mechanical symptoms [1].
- Byrd described the C-sign, where patients cup their hand forming a C over the greater trochanter when asked to localize pain [1].
- Pain associated with labral tears may be minimal during level walking [1].
- Evaluation for suspected labral tears should include radiographs of the pelvis and hip [1].
- Evaluation for suspected labral tears should include advanced imaging when indicated [1].
- CT scan offers greater detail in assessing bony architecture [1].
- MRI and MRI-arthrogram are useful for identifying labral tears [1].
Investigations¶
Clinical Presentation and Examination¶
- Patients with acetabular labral tears typically present with pain, usually in the groin, and mechanical symptoms [1].
- The "C-sign" is described as a patient cupping their hand to form a C over the greater trochanter when asked to localize pain [1].
- Pain may be minimal during level walking in patients with labral tears [1].
- Patients may report mechanical symptoms such as clicking and catching [2].
- Pain with prolonged sitting is a common symptom of labral tears [2].
- Physical examination findings for anterior labral tears include pain in the provocative position of flexion, adduction, and internal rotation [2].
- Physical examination findings for lateral labral tears include pain in flexion, abduction, and external rotation [2].
- The FADIR test (flexion, adduction, internal rotation) is used to detect anterior labral tears [2].
- The dynamic internal rotation impingement test is used to detect anterior labral tears [2].
Imaging¶
- Imaging for the diagnosis of a labral tear includes plain radiographs and magnetic resonance arthrography [2].
- A positive response to an intra-articular joint injection that brings complete pain relief is the most valuable diagnostic sign for confirming the joint as the source of pain [2].
Treatment¶
Non-Operative¶
- Initial treatment for acetabular labral tears is typically nonoperative [1].
- Nonoperative management includes rest, anti-inflammatory agents, and physical therapy [1].
Operative¶
- Unresolved pain after nonoperative treatment is treated with labral debridement or repair [1].
- In a 10-year follow-up study of patients with labral lesions treated with debridement, hips without signs of arthritis showed a significant increase in Harris Hip Scores that remained significant throughout the period [1].
- In the same 10-year follow-up study, seven of eight patients with associated arthritis required total hip arthroplasty [1].
- In patients with femoral acetabular impingement, improvement in Harris Hip scores was greater in the labral refixation group compared to the labral debridement group [1].
- Two main suture configurations are used for labral repair: circumferential repair and labral base repair [1].
- The decision between circumferential and labral base repair is based on the quality of the remaining labral tissue [1].
- A labral base repair is typically used in patients with robust labral tissue [1].
- A circumferential repair is chosen when the labrum is significantly frayed to avoid the suture lacerating the remaining labrum [1].
- It is essential to maintain labral contact with the femoral head to reestablish the suction seal during repair [1].
- Anchors placed too far from the acetabular rim or overtightened sutures may evert the labral edge [1].
- A retrospective study by Jackson et al. showed no difference in outcomes between suture patterns [1].
References¶
[1] Campbell S Operative Orthopaedics 4 Volume Set. ANTERIOR CRUCIATE AND ANTROLATERAL LIGAMENT RECONSTRUCTION (BOX 51.8) > ARTHROSCOPIC MANAGEMENT OF LABRAL TEARS.
[2] Orthopaedic Knowledge Update Sports Medicine 6. Athletic Hip Injuries > Acetabular Labral Tears.
